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Nacho Muñoz: «Renacer a los 40: un viaje apasionante»

Nacho Muñoz: «Renacer a los 40: un viaje apasionante»

“Renacer a los 40: un viaje apasionante” era el título de la segunda cita de Cenas con Chispitas de la temporada. Un enunciado abierto que nos permitía explorar terrenos de subidas y bajadas gracias a la guía de Nacho Muñoz.

Lo que nos sucede, lo que ocurre en nuestro mundo exterior, actúa de catalizador para que volteemos la mirada hacia dentro y nos planteemos si estamos alineados con nuestro propósito, si eso que creíamos que al conseguirlo nos iba a colmar de felicidad no es más que un paraíso artificial que se convierte en una cárcel. Buscamos fuera, construimos fuera en base a las ideas de “éxito” que hemos comprado de la sociedad y, sin embargo, el verdadero éxito se encuentra en un lugar al que pocas veces nos permitimos acceder por miedo a enfrentarnos a nuestras sombras, a nuestros temores, a una oscuridad que nos pide confiar para transformarse en luz, en paz y en serenidad. 

Habitar nuestros cuerpos y reconocer los pedidos de nuestras almas no implica siempre renunciar a los bienes materiales, pero sí que seamos coherentes con nuestra esencia. Aunque nos resistamos a ello -huimos del sufrimiento-, el camino a ese lugar íntimo y cargado de verdad suele estar plagado de espinas, de dolor, del reconocimiento de traumas que, inconscientemente, determinan nuestras elecciones y son las elecciones, aunque parezcan insignificantes en el día a día, las que trazan nuestro presente y nuestro futuro. 

Acceder a ese espacio de reencuentro con el alma, a su mensaje, no siempre es sencillo, porque desde “los ojos” de la materia no queremos ver, no queremos despertar, creemos que siguiendo dormidos, evitando ese trabajo profundo y trascendental, todo es más fácil. Explorar lo desconocido nos aterra, pero es atravesando esa puerta y enfrentándonos a nuestros dragones la única vía para encontrar la plenitud. 

A la derecha, Regina Cifrian y Mónica García por parte de Meliá Don Pepe.

Don Pepe Gran Meliá

Volvíamos a un lugar que nos es conocido. En ediciones previas varios de nuestros encuentros se han desarrollado en espacios del mítico hotel marbellí. Si en ocasiones anteriores las citas nos sirvieron para conocer gastronómicamente sus propuestas para eventos, en esta ocasión, disfrutamos del reservado y de los sabores de ERRE & URRECHU. Un restaurante abierto al público que no necesita de excusas u ocasiones especiales. 

Antes de introducirnos en el espacio, entrar de lleno en el tema y sorprendernos con la belleza de la decoración floral con la que Virginia González vistió la mesa, recibimos a los asistentes en la terraza de Audrey, el bar del lobby del hotel. 

Margareth Morales y Tino Fernández
Cristina Gámez
Chester y Setareh Mohregui
David España y Carmen Porras
Álvaro Pedreño y Vanesa Rodríguez de Trujillo
Elena Cabello y Ana Mingorance De la Peña
Justo Barroso y Lourdes Soler
Cristina Barroso y Marta González
Luis Granda

 

La cita

Como he comentado unas líneas más arriba, el título del encuentro quedaba abierto y nos permitía hacer el viaje sin el peso de las expectativas. Está claro que para renacer tenemos que dejar morir esas partes de nosotros que ya no nos valen en este viajazo que es el autoconocimiento. La cercanía de los 40, lo que llamamos la mediana edad, suele ser un momento de reflexión, de replantearnos qué estamos haciendo y hacia dónde nos dirigimos, quizá, porque nos hacemos conscientes de la velocidad con la que pasan los años, de la fugacidad del tiempo, porque ya tenemos las experiencias necesarias acumuladas para sopesar y hacer balances, y porque sentimos, de alguna forma, que queremos aprovechar lo que nos queda siendo más auténticos y estando presentes. 

A algunos les sorprendió que Nacho Muñoz llegase acompañado de la ponente anterior, Sara Duarte. Los dos primeros protagonistas de Cenas con Chispitas de esta edición son pareja y parte fundamental el uno en el desarrollo personal y espiritual del otro. Muchos de los programas y de las formaciones que realizan las hacen juntos, aunque cada uno de ellos desarrolla su propia labor profesional. 

Hay algo maravilloso que experimento en cada uno de los encuentros, y es el unir a personas que, por algún motivo, tenían que estar ahí, ya sea para escuchar el mensaje o para conocer a alguien. Nada es casualidad. 

La cena: ERRE & URRECHU

El equipo de Don Pepe Gran Meliá afrontó la vuelta de Cenas con Chispitas con entusiasmo. Rocío, Noelia, Regina y Mónica desplegaron toda su ilusión y profesionalidad para que nos sintiéramos en casa. Contaron con Virginia González, la florista del hotel, para engalanar la mesa. 

Desde que abrió sus puertas, ERRE & URRECHU se ha consolidado como uno de los espacios gastronómicos más reputados de la Costa del Sol. ERRE, que significa “quemar” en euskera, es un guiño al arte de asar que se ha convertido en una seña de identidad de la cocina vasca. Su propuesta culinaria, cuya estrella es la parrilla, complementó a la perfección una cita en la que nutrimos alma, cuerpo y mente. 

 Mini brioche de pringá 

 Salmorejo con ventresca de atún confitado

 Pato rustido con puré de manzana y salsa de miel y soja

Vasito caipiroska de mango y frutos rojos

 

El Ponente: Nacho Muñoz 

A continuación, os detallo algunos hitos profesionales en la vida de Nacho, aunque si queréis conocerlo de verdad os invito a leer un poco más abajo. Se mostró sin filtros, sin miedo a mostrar su vulnerabilidad, a corazón abierto. 

Nacho Muñoz es el CEO y co-fundador de Olsanamind y el IRC (Instituto de Respiración Consciente), una Escuela Global de Transformación cuyo objetivo es ayudar a las personas a recuperar su derecho a tenerlo todo en la vida.

En sus ocho años de vida han pasado por ella más de doscientos mil alumnos. Muñoz también es el creador del Código de la Cocreación y del Master de Respiración Consciente, programas con los que ayuda a otras personas comprometidas con su evolución emocional y espiritual a transformar sus vidas.

Pero Nacho Muñoz no siempre ha sido un emprendedor exitoso. Hasta llegar aquí ha fracasado en varios negocios -uno de ellos, invertir en Bolsa, le generó una deuda de 50.000 euros- ha sido trabajador por cuenta ajena en más empresas de las que él mismo pueda recordar y fue policía en Madrid antes de decidir emprender.

Todas esas vivencias laborales hacen de Nacho Muñoz un emprendedor cercano y perfectamente conocedor de los obstáculos que a diario se encuentran las personas que quieren transformar su vida.

Conferenciante y formador internacional, Nacho, también es el autor de los bestseller “Marketing al desnudo”, “Coaching para novatos”, “Abundancia Subconsciente”, “Mindset Hacking” y “Espiritualidad Psicodélica».

En los últimos meses ha mentorizado y formado a cerca de un millar de alumnos para que abandonen sus miedos y puedan vivir de sus sueños gracias a la metodología de la Respiración Consciente Continua.

Nacho fue muy generoso y compartió con nosotros cómo ha sido su camino desde que nació en una familia que etiquetamos “en riesgo de exclusión social” hasta el día de hoy.

Renacer a los 40: un viaje apasionante

Los que rondamos esa edad intermedia pertenecemos a una generación a la que nos vendieron el éxito como tener, como posición social y económica, como reconocimiento exterior… Y nosotros lo aceptamos y lo compramos sin cuestionarnos si era verdad o qué significaba para nosotros. Con el paso de los años, y el despertar de la conciencia que estamos experimentando, hemos descubierto que esa creencia no nos vale. Normalmente llegamos a esa conclusión después de haber hecho lo que se suponía que debíamos hacer, después de haber alcanzado lo que marcamos como nuestras metas, lo que se esperaba de nosotros, o lo que quisimos demostrar y demostrarnos. Llegamos en forma de crisis vital, cuando lo que se suponía que nos iba a hacer feliz se convierte en un humo denso que lo ensucia todo. Todo se derrumba y nos toca reconstruirnos y renacer de entre los escombros. 

Algunos creemos que antes de venir aquí, de adoptar estos cuerpos, elegimos lo que teníamos que vivir para nuestra evolución espiritual, pero al enfrentarnos al dolor, al sufrimiento, a las pérdidas o los vacíos valoramos que quizá nos marcamos objetivos demasiados altos. 

Nacho Muñoz nació en una familia muy humilde del barrio madrileño de San Blas. Allí creció entre delincuentes, mezclándose con ellos: “Es en el mejor barrio en el que podía nacer. Todavía sigo teniendo aprendizajes e integrando cosas que viví allí. “Elegí” una familia en la que cuando yo iba a nacer mi padre estaba esperando para entrar en la cárcel. Fui un niño no deseado y eso nos marca. Soy quien soy gracias a lo que he vivido”. 

En la adolescencia descubrió que para sentirse valorado debía “conseguir cosas, si eras el más malote, si tenías dinero…”.

Algo en su interior lo movía a avanzar, a no conformarse con lo que le había tocado en el reparto. Quiso ser bombero, aunque finalmente se sacó las oposiciones a Policía Local: “Tenía cero consciencia de desarrollo personal o de ser emprendedor, nada de nada”. 

Entró en la policía local con 23 años, de esa etapa aprendió mucho: “Asfixias tus emociones, no puedes sentir. No puedes sentir pena cuando vas a poner una multa… Eso conlleva todo un proceso de desconexión con la gente y con tus emociones”. En su afán por demostrar, el dinero siempre jugó un papel fundamental como objetivo: “El dinero siempre ha sido importante porque no hemos tenido de pequeños, hemos ido a Cáritas para que nos diesen de comer. Creía que tener dinero me iba a hacer feliz”. En aquellos años un compañero le regaló un libro sobre cómo ganar en bolsa. Se aplicó en ponerlo en práctica, pidió dinero a sus amigos para invertir con el compromiso de devolvérselo con intereses, hasta que después de ganar durante un tiempo lo perdió todo. “Yo buscaba dinero y reconocimiento y la vida lo que hizo fue quitármelo todo. Me puso el dinero por delante y me lo quitó como para decirme “a ver qué haces ahora”. Me metí en una deuda para devolverle el dinero a mis compañeros y no tener que reconocer que lo había perdido todo. Me puse enfermo, no salía de casa…”.

Mónica García Muntadas

En su afán de buscar y de encontrar respuestas llegó hasta el desarrollo personal a través de un video de Tony Robbins. Ahí conectó la mente y las emociones con lo que consigues en la vida. Esto lo llevó a apuntarse a un curso de coaching, lo hizo desde el escepticismo: “El coaching para el Nacho de aquel momento fue perfecto, pero luego hay otras cosas que te hacen falta. Tengo una mochila donde voy guardando las herramientas que he ido necesitando en cada momento vital. Ahí empecé con el tema del desarrollo personal”. 

Tras dos años en el desarrollo personal llegó la hipnosis y dejó la policía local con el colchón de un sueldo de un mes: “Entre la tarita de que perdí lo que perdí en la bolsa, la tarita de donde nací y todo esto, obsesionado con el dinero, con ser millonario, estaba cegado. Gracias al coaching conseguí todo lo que quería y más. Monté empresas online y superé los objetivos que me había marcado. En todo ese camino no sentía que había nada mal en mí. Pero siempre quería más y más. En el mejor momento, cuando la gente me paraba por la calle para hacerse fotos conmigo, cuando lo tenía todo y mis amigos me admiraban, empecé a sentir que me había construido una cárcel que, además, me la había creído”.  

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En la cresta de la ola tomó la decisión de despedir al personal y cerrar las empresas. Para afrontar esa etapa con cierta tranquilidad pidió un préstamo al banco. “Todo era incertidumbre y me puse a buscar en mí mismo. Probé de nuevo con la bolsa y puse la empresa en manos de un CEO. Así que otra vez ganaba dinero y haciendo poco, hasta que compramos la casa de nuestros sueños. Me vi en una casa con vistas al mar, con una mujer preciosa, mi hijo corriendo por allí, en unas circunstancias con la que nunca hubiese soñado… y sentí un vacío abismal dentro de no saber quién era yo”.   

En ese instante paró todo de nuevo y se sumergió en una crisis en la que fue realmente consciente de que el dinero no daba la felicidad. “Tenía un miedo increíble a sentir, a responderme quién era, yo llevaba toda la vida persiguiendo algo para que cuando lo lograse ser alguien… Y me di cuenta de que quería conexiones de verdad, intimidad y eso no tiene que ver con el dinero que ganas, tiene que ver con la transformación personal que te permitas tener”. 

En esos meses, en pleno sendero oscuro, se encuentra con la ayahuasca y con sustancias psicodélicas como herramientas para superar los baches. Hasta entonces le había aterrado el consumo de sustancias, pero se enfrentó a sus miedo y lo probó: “Cuando me dejé llevar y solté el control vi la vida como es, detrás de mis ganas de conseguir cosas había un miedo gigante a descubrir quién era yo y que hubiese algo malo. Y vi que detrás del miedo a verme por dentro no había nada malo. Después te toca amar las sombras para no reflejarlo todo fuera”. En aquel proceso se sumió también en una crisis de pareja: “No podía amarla porque yo no me amaba a mí mismo, y no es una frase de Facebook. Es muy profundo darte cuenta de eso. Desde ahí empecé a creer en la ley del espejo y cuando la aceptas duele mucho, porque te tienes que hacer responsable de todo lo que te pasa. Fue una crisis de los dos, la vivimos juntos”. Gracias a esa experiencia Nacho pasó del compromiso con su desarrollo personal al compromiso con su desarrollo espiritual. 

Después de las sustancias llegó a la respiración consciente y comprobó la conexión tan potente que encierra algo tan natural. Profundizó y se formó para ayudar a otras personas, esta vez sin buscar esa valoración externa. Junto a Sara creó el Instituto de Respiración Consciente donde han vivido experiencias increíbles de sanación en las personas que han participado: “Yo quiero estar en esta parte del camino, no soy un gurú, no sé más que los demás, simplemente sé una técnica, te la doy y tú la haces para que te descubras”. 

Nacho y Sara compartieron con nosotros un breve ejercicio de respiración y cada uno de los comensales explicó al resto lo que había experimentado. Durante la cena, Nacho siguió compartiendo con nosotros esos escalones de su camino y cómo había llegado a renacer y sentirse bien consigo mismo sin la necesidad de hacer ninguna actividad, sin irse fuera. 

La vida es un proceso en el que aparecen las crisis para que nos conozcamos y la saboreemos más conscientemente, para tambalearnos y resituarnos en nuestro verdadero camino. Tú eliges si te sumerges en ella o sigues corriendo y llenando tu agenda para no pensar. Forma parte de la elección personal de cada uno. 

 

Redacción: Ana Porras 

Fotografía: José Cordero

Agradecimientos 

Anfitrión: Erre & Urrechu

Decoración floral: Virginia Florista

Ponente: Nacho Muñoz

 

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