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‘Cuando las mujeres dejamos de ser mujeres y los hombres de ser hombres’, por Juande Serrano

‘Cuando las mujeres dejamos de ser mujeres y los hombres de ser hombres’, por Juande Serrano

Si anteriormente por la filosofía del marxismo las mujeres iban a homogenizarse con los hombres y a ser machistas en sí mismas, lo contrario para nosotros sería peor: que los hombres nos feminizáramos a punto de partida de las mujeres. Es decir, creemos que hay un punto de partida incorrecto en el proceso de liberación de la mujer y es, precisamente, tomar el punto de partida de los hombres. Es la misma metodología que seguimos para la investigación de los efectos de la ciudad en el campo, no se puede querer, para desarrollar el campo, trasladar la ciudad al campo. Aquí pasa lo mismo, para desarrollar a la mujer, trasladar el modo de ser del hombre a la mujer, es la misma cosa. Lo contrario también es incorrecto: trasladar el modo de ser de la mujer al hombre.

“Ni hombres ni mujeres pueden imponer cómo ser mujer”

La mujer está en crisis, está realizando un profundo cambio. La mujer es cada vez menos mujer y, consiguientemente, el hombre es menos hombre. Con ese querer de igualdad que se busca vamos desarrollando un ser extraño, unisex, ambiguo, sin sexo. Se busca el igualitarismo en el trabajo, en los roles, en la moda, en la función, incluso en lo físico y en la psicología. Esto es un gran peligro además de ser una guerra perdida porque negar el dimorfismo sexual es señal de un gran desconocimiento, de una gran ignorancia. Luchar contra la naturaleza en este tema indica necedad y soberbia. Ni hombres ni mujeres pueden imponer cómo ser mujer: no podemos ir en contra de las hormonas. La igualdad política de las mujeres, totalmente deseable y necesaria, no va a remediar la separación radical entre los sexos, que empieza y acaba en el cuerpo con su tiranía biológica.

Una crisis de identidad se paga cara, y ello puede ser debido a un error personal, pero es más grave cuando es una desorientación social, política y educativa. No creo que la tercera guerra mundial, como se ha escrito en algún sitio, se libre entre hombres y mujeres. No, el peligro puede venir de la misma naturaleza que siempre se venga de nuestras equivocaciones.

 

“El materialismo de la “ideología de género” insiste en el individualismo”

La abundancia de escritos sobre feminidad y masculinidad piden una mirada desde lo alto que, sin despreciar los estudios desde abajo, permitan una visión profunda. Una crisis de identidad se paga cara, y ello puede ser debido a un error personal, pero es más grave cuando es una desorientación cultural y educativa. El materialismo de la “ideología de género” insiste, de un modo u otro, en el individualismo; hombre y mujer ya no son uno para el otro, su fin ya no es ser dadores de vida, ni llegar a una comunidad de personas, sino el egocentrismo. El otro (hombre o mujer o hijos) son alguien para mí, seres para ser usados según mis necesidades. A esto, fuente de frustraciones, lleva una antropología pobre que no ha sabido remontarse a las fuentes del ser humano como persona y que se ha mostrado insuficiente para dar soluciones satisfactorias, porque hombre y mujer son más que cuerpo y sociedad.

“Debemos ajustar la sociedad para la igualdad de oportunidades de la mujer”

Debemos ajustar la sociedad para la igualdad de oportunidades de la mujer. En este sentido nuestro modelo propone otro tipo de soluciones en la línea de la complementariedad de lo masculino y lo femenino, tanto en el ámbito privado como en el ámbito público, laboral y político. Lo familiar es tanto del hombre como de la mujer y lo mismo lo laboral. Del mismo modo, que no hay maternidad sin paternidad. No es justo, ni se puede justificar biológicamente, que el cuidado de los hijos recaiga unilateralmente sobre la mujer. El reivindicar una mayor presencia de la mujer en el mundo laboral va de la mano de la reivindicación de una mayor presencia del hombre en las tareas domésticas. Por ahora, se ha conseguido bastante de lo primero y poco de lo último. Se trata de reivindicar la primacía de los valores que han sido hasta ahora considerados como femeninos, pero que son en definitiva valores humanos ya que a ambos sexos compete atender al animus y al anima, como la no violencia, al igual que como la atención a los más indigentes y menesterosos, a los más pobres, ya que ambas cuestiones están íntimamente entrelazadas.

En este sentido la teoría del género que proponemos sirve para decir hasta dónde alcanza el determinante biológico, del cual no es deseable liberarse, y donde empieza lo cultural, que sí es cambiable.

 

El error de las propuestas del feminismo radical es pensar que la igualdad supone la liberación de la mujer, una liberación sexual entendida como liberación de lo biológico. Esto no deja de ser una ingenuidad, ya que dicho un tanto burdamente, hay que vivir con los cromosomas. La ruptura con lo biológico no libera a la mujer, ni al varón, es un mal camino que conduce a lo patológico. Lo mismo ocurre en el varón cuando no contribuye en su propia vida o en la de la mujer a esa armonía entre lo dado y lo adquirido, en esas zonas en las que debe haber una continuidad en ambas funciones.

 

Se propugna la interdependencia entre los distintos sexos; una igualdad en la diferencia. Se reivindica que los dos sexos deben estar simultáneamente presentes en el mundo de lo privado y de lo público. A la vez que se reclama más presencia de la mujer en la vida pública, considera igualmente necesaria una mayor presencia del varón en los asuntos domésticos, y en el mundo de la educación de los hijos. También el varón tiene derecho a asumir unas tareas antes reservadas a las mujeres. Esta revolución social necesita un respaldo social y jurídico porque implica una revolución copernicana en las estructuras sociales.

“El reparto de responsabilidades sociales y económicas es un requisito básico para el progreso”

El principio de igualdad desde esta perspectiva requiere analizar en conjunto la relación entre los sexos. Es más, añade una nota muy positiva porque se dirige a que exista una interrelación de tareas en los dos ámbitos; paternidad-maternidad de la mano en el ámbito privado, y cooperación creativa hombre-mujer en el mercado laboral. La participación laboral de las mujeres y la participación doméstica de los hombres, es decir, el reparto de responsabilidades sociales y económicas en la población adulta, es un requisito básico para el progreso. Y esto tiene sus consecuencias a nivel político y legislativo.

En esta mutua cooperación hay que distinguir en ambos ámbitos funciones intercambiables, es decir que pueden ser realizadas indistintamente por personas de ambos sexos, y que dependen sólo del aprendizaje, frente a otras funciones o roles que están conectadas a una diferenciación biológica y que no son transferibles al otro sexo.

 

“No todos los estereotipos sociales atribuidos a los dos sexos son siempre indiferentes”

Por otra parte, según este modelo, como se acaba de indicar no todo es absolutamente cultural. Si este modelo reconoce la no identidad entre sexo y género, añade también como necesario el reconocimiento de que no todos los estereotipos sociales atribuidos a los dos sexos son siempre indiferentes sino que algunos de ellos tienen una mayor raigambre o base biológica, de manera que no son una mera construcción cultural cambiable, sino que están inexorablemente unidos a la diferenciación sexual; así no es lo mismo ser padre que madre a la hora de educar a los hijos. Los dos papeles son insustituibles, complementarios y no intercambiables. Por tanto, tan perjudicial sería la desaparición de la figura de la madre, como la carencia de la figura del padre.

Esta nueva perspectiva de género establece las relaciones varón-mujer defendiendo la igualdad en todos los roles históricos y culturales, y asumiendo alguna diferencia en lo biológico.

Si bien es cierto que la mujer tiene las mismas capacidades que el hombre y que su desarrollo es una cuestión educacional, también lo es que, aunque el sexo no determine la conducta, sí condiciona las funciones que cada individuo sexuado juega en la sociedad.

 

img_4144 Juande Serrano

Psicoterapeuta Transpersonal experto en Parejas y duelo

Terapia online 

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