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Pilar Romero y María Dolores Huelin, farmacéuticas a pie de mostrador

Pilar Romero y María Dolores Huelin, farmacéuticas a pie de mostrador

Las farmacias siguen abiertas. Son uno de los establecimientos que aunque las medidas de confinamiento impuestas por el Gobierno se restringieran aún más, posiblemente sigan abiertas al público. Si en los supermercados vimos en los primeros días colas, esa necesidad de acumular víveres por lo que pudiese pasar, en las farmacias el paracetamol, los geles de limpieza y las mascarillas, se han convertido en los productos estrella. 

Sus equipos, los de las farmacias, forman parte de esa parte de la población que tiene que ir a trabajar. Nos repiten incesantemente, precisamente ellos los que se exponen al contagio, que los que podamos cumplamos estrictamente con el confinamiento. Es una forma de cuidarnos y de cuidarles. Entrevistamos a María Dolores Huelin, farmacéutica en Torrequebrada, y Pilar Romero, de la céntrica farmacia Mata de Calle Larios.

Farmacia Mata

 

María Dolores Huelin, farmacia de Torrequebrada

Situada en Torrequebrada, en Benalmádena, se encuentra la farmacia de María Dolores Huelin. Allí trabajan nueve personas divididas en dos turnos. La mayoría son mujeres y con hijos pequeños pero desde el principio han sido conscientes de la importancia de su labor en estos días. María Dolores es la propietaria y destaca que se siente muy orgullosa de cómo están reaccionando ante todo esto. Es lo primero que nos dice, “quiero destacar el valor y la generosidad de mi equipo”.

Además de atender al público, ellas mismas se encargan de desinfectarlo todo antes de comenzar a trabajar y cuando termina su turno. 

“Me preocupan más mi equipo y mis pacientes”

El marido de María Dolores es médico, y una de sus dos hijas también es farmacéutica. Para ella, ahora más que nunca, estar tras el mostrador es su obligación: “En ningún momento te planteas nada negativo, solo ayudar a los demás. Es mi profesión y si ya me gustaba, ahora me gusta más. Somos la primera línea de atención al paciente y estamos resolviendo muchos problemas. Tengo una preocupación muy intensa por los demás, por lo que no tengo ocasión de preocuparme por mí misma. Me preocupan más mi equipo y mis pacientes”.

Desde el primer momento, y antes de que hace unos días se recomendase la medida por parte de las autoridades sanitarias, María Dolores encargó unas mamparas para el mostrador, ese el motivo por el que no usan mascarillas, nos dice. También pusieron una línea roja en el suelo para que nadie se acercara más allá de la distancia de seguridad. Otra de las medidas fue avisar a los clientes de que solo se puede acceder de tres en tres, y de que la cola debe hacerse en el exterior y manteniendo un metro de distancia.

El ambientador ha dejado paso a un fuerte olor a lejía

“ A los clientes les gusta que mires por ellos; no se acercan a la mampara y si alguien tose, eso queda ahí y lo limpiamos continuamente. Otra cosa que hacemos es limpiar con alcohol las superficies que tocamos, las tarjetas sanitarias y los TPVS del cobro con tarjeta. También, desinfectamos los teclados aunque solo los toquemos nosotros, porque pasan por nuestras manos muchas monedas, que tienen una gran carga viral”, nos explica así otras medidas de seguridad que están tomando para evitar el contagio del COVID-19. El ambientador ha dejado paso a un fuerte olor a lejía, que según nos dice esta farmacéutica, “aunque no es un olor agradable da tranquilidad a los que la visitan”. 

 

No tiene miedo a contagiarse, le puede más el sentido del deber y la preocupación por su familia y sus clientes. Las farmacias se han convertido también en un punto de información para muchas personas que no saben qué hacer y si lo suyo es un simple catarro o se han infectado por el virus.

“Estamos haciendo mucha labor informativa”

“El otro día estuve con una chica joven de 23 años, era una madre lactante y venía con su bebé. Creíamos que ella era un caso positivo de coronavirus. Se acababa de hacer las pruebas pero no tenía aún el resultado. Estaba muy agobiada en nuestra farmacia, sobre todo por la lactancia. No teníamos mascarillas, se la buscamos y se la mandamos a su casa, así como le mandamos la información que nos llegaba de madre lactante. Estamos haciendo mucha labor informativa, la gente nos llama por teléfono para saber. La preocupación, y todo lo que veo aquí a diario en otras personas, hace que tenga menos miedo por mí”, nos cuenta María Dolores.

Los clientes son en general comprensivos con la situación: “Solamente hemos tenido un caso de un señor que se enfadó porque no teníamos mascarillas ni gel hidroalcohólico. Entonces, le di una mascarilla de las que usamos en nuestro equipo y le ofrecí un poco de gel que teníamos. El señor se vino abajo y comprendió que eso no estaba en nuestras manos y que es un problema de difícil solución”. 

La mayoría les agradece que sigan ahí, que estén trabajando, les mandan mensajes de apoyo, y hacen suyo ese aplauso que suena cada tarde en los balcones: “ Nuestros clientes nos mandan muchos WhatsApp de cariño, y aquí se oye un aplauso todos los días a las ocho de la tarde y eso reconforta bastante. En general, la gente es muy agradecida y confía mucho en nosotros”.

Al igual que en los supermercados la gente hacía acopio de alimentos y es difícil encontrar productos frescos y papel higiénico, en las farmacias es complicado encontrar mascarillas, gel hidroalcohólico para las manos, el alcohol de 70, de 90 y el paracetamol. “Yo me siento muy afortunada de pertenecer al Grupo Próxima, gracias a que tenemos un gerente que nos evita preocuparnos por no tener de algo, porque se encarga él. Del resto de los medicamentos, no hay escasez. A lo mejor un día no te llega cierto producto, pero en general esos productos son los que más desabastecimiento sufren. El Grupo Próxima también tenemos un chat por el que comentamos dudas, sugerencias y eso ayuda mucho”. 

“Me parece que esto es algo muy bonito en nuestra profesión”

María Dolores asegura que tiene una estrecha relación con los médicos: “Yo tengo contacto con varios y cuando esto empezó yo me puse en contacto ellos para prestarles mi ayuda en lo que les hiciera falta. Esto facilita el trabajo para ambos porque muchas veces llega alguien a la farmacia y no tiene en la tarjeta el medicamento que necesita o está caducado. Suelen ser personas mayores que no quieren o no pueden ir al centro de salud a que le renueven el medicamento. En esos casos, hablo con estos médicos para que les meta en la tarjeta lo que necesite. Igualmente, estoy en contacto con mi centro de salud que también me brinda mucha ayuda y yo a ellos. Me parece que esto es algo muy bonito en nuestra profesión”.

Aunque se mantiene fuerte ante la situación, en 32 años de profesión nunca había vivido nada igual. Se conmueve solo de pensarlo: “Si a mí me cuentan que yo esto lo voy a vivir, no me lo creo. Muchas veces me levanto y me digo a mi misma que esto es como un sueño, que no una pesadilla porque el comportamiento de las personas hace que esto no se convierta en una pesadilla. 

“Quizás exista un antes y un después de esto en todos nosotros”

Quizás exista un antes y un después de esto en todos nosotros: que valoremos un día de compras, de playa, un abrazo con tu amiga, decir un ‘te quiero’… Como sanitaria, estoy asombrada como cualquier otra persona y, sobre todo, por la generosidad de todos los que están en casa para no contagiar a los demás. Esto es algo que se arregla entre todos. Esto es complicado, no salgo de mi asombro con todo lo que está pasando”.

 

Pilar Romero, farmacia Mata

En plena calle Larios encontramos la Farmacia Mata. Una farmacia de toda la vida. La mayoría de los clientes que entran son personas mayores. Nos atiende Pilar Romero, que asegura que se están viviendo días raros e intensos. 

También en la Farmacia Mata se han tomado todas las medidas de seguridad y la gente respeta las distancias. A diferencia de en Torrequebrada, la actividad en esta farmacia de calle Larios ha notado el confinamiento: “Si los primeros días la gente venía a hacer acopio, ahora se nota que la gente está encerrada en casa. Salen para lo necesario”. 

Pilar no tiene miedo mientras trabaja, es su vocación y su profesión, aunque sí toma ciertas medidas preventivas al llegar a casa: “Me quito la ropa y la echo a lavar. Hasta que no me ducho no saludo a mi familia”. 

Pilar siente que se valora por parte de la población el esfuerzo que están haciendo los profesionales de los servicios básicos, como el que ofrecen ellos. Por su parte reconoce la labor y el esfuerzo que están haciendo los demás: “España entera no puede parar. Por ejemplo el sistema sanitario se apoya en otros muchos trabajadores. Llevo días buscando un cristalero para que me ponga unas mamparas. Valoro mucho el esfuerzo que estamos haciendo todos”.

Redacción: Ana Porras Fotografía: cedidas por María Dolores Huelin y Lorenzo Carnero

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