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Cotillear puede ser saludable. O eso dicen…

Cotillear puede ser saludable. O eso dicen…

Se dice que los cotilleos son lo peor sobre todo cuando el cotilleo es sobre nosotros. Según el refrán, “lo que Juan dice de Pedro dice más de Juan que de Pedro” y así es. Sin embargo, todos de alguna forma y en algún momento lo hacemos. Es similar a lo que pasó con la primera edición de Gran Hermano, todo el mundo lo veía y comentaba, pero todos lo negaban.

Con el cotilleo pasa lo mismo: todo el mundo lo hace en mayor o menor medida, pero nadie se atreve a dar el paso y confirmarlo. Este “pasatiempo”, por llamarlo de algún modo, está considerado como dañino, mezquino y poco sano. Por muy convincentes que parezcan estas acusaciones, sin embargo, un importante conjunto de investigaciones sugiere que cotillear puede ser, de hecho, saludable.

Va intrínseco en el ser humano. Los niños empiezan a ser chismosos desde los 5 años, y los chismes, tal como los entienden la mayoría de los investigadores –hablar entre al menos dos personas sobre otras ausentes– representa alrededor de dos tercios de la conversación de todas las personas.

Los chismes nos unen

Dos personas que comparten sentimientos negativos sobre una tercera persona, se sienten más cerca el uno del otro

A pesar de la dudosa reputación de los cotilleos tan sólo un 3 o 4 por ciento de ellos son realmente maliciosos. Incluso esa porción puede generar un vínculo de unión entre los que están en la reunión en la que se producen. Investigadores de la Universidad de Texas y la Universidad de Oklahoma encontraron que si dos personas comparten sentimientos negativos sobre una tercera persona es probable que se sientan más cerca el uno del otro de lo que se sentirían si ambos tuvieran sentimientos positivos hacia él o ella.

Los chismes pueden incluso hacernos mejores personas

Un equipo de investigadores holandeses descubrió que escuchar los cotilleos sobre los demás hacía que los sujetos de la investigación fueran más reflexivos; los chismes positivos inspiraban sentimientos de automejora, y los cotilleos negativos hacían que la gente se sintiera más orgullosa de sí misma. En otro estudio, cuanto peor se sentían los participantes al oír un chisme negativo, más probable era que dijeran que habían aprendido una lección de él.

 

El poder de los chismes para transformar

Los chismes negativos también pueden tener un efecto social en aquellos que son chismosos. Investigadores de Stanford y UC Berkeley encontraron que una vez que ciertas personas fueron excluida de un grupo debido a su egoísmo, reformaron sus costumbres en un intento de recuperar la aprobación de la gente que habían enfandado.

Ciertas personas que fueron excluida de un grupo debido a su egoísmo, reformaron sus costumbres

Sin embargo, la valoración más positiva de los chismes viene del antropólogo y psicólogo evolutivo Robin Dunbar. Según Dunbar, nuestros antepasados primates se unieron mediante el rascado mutuo de la espalda, asegurando la defensa entre ellos en caso de ataque de depredadores.

 

Pero a medida que los homínidos se volvieron más inteligentes y sociales, sus grupos se hicieron demasiado grandes para unirse de este modo. Ahí es donde el lenguaje y los cotilleos, ampliamente definidos, entraron en juego. Dunbar argumenta que la charla ociosa, con y sobre otros, dio a los primeros humanos un sentido de identidad compartida y les ayudó a ser más conscientes de su entorno, incubando así el complejo funcionamiento de la sociedad actual.

Así que la próxima vez que te sientas tentado de cotillear, no temas, puede que en realidad estés promoviendo la cooperación, aumentando la autoestima de los demás y realizando la tarea esencial de los humanos.

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