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Consumo responsable: cómo aportar tu granito de arena

Consumo responsable: cómo aportar tu granito de arena

Durante décadas, el triunfo de la sociedad del bienestar trajo consigo un crecimiento del consumo sin aparente límite en los países ricos. Siempre había que comprar un coche mejor, un móvil más nuevo, una camiseta más resultona. Varios factores macroeconómicos impulsaron esta tendencia. De un lado, el hecho de que la teórica prosperidad de un país se mida en tasas de crecimiento económico provoca que se alimente su rueda sin que importen demasiado las consecuencias. A su vez, el motor que hace girar la rueda del crecimiento económico es el consumo. Hay un incentivo constante a consumir, sin otras consideraciones.

Además, el consumo es el pilar fundamental del modelo de capitalismo que ha triunfado, no solo en la economía, sino en el pensamiento dominante en las sociedades prósperas. Desde los años 50, consumir ha dado un plus de prestigio social: a los adolescentes les gusta llevar las zapatillas con el último diseño, los jóvenes aspiran a mostrar el móvil con la última tecnología y los adultos quieren el coche con un poquito más de potencia y un poquito más de confort.

Un nuevo modelo de consumo

Esto modelo de sociedad en la que el consumo solo tiene el límite que cada uno se tiene que imponer por razones presupuestarias (y a veces ni eso) puede estar llegando a su fin. En los últimos años se ha producido una progresiva concienciación con el medio ambiente: el consumo sí tiene límites, y los marca el planeta y sus posibilidades de supervivencia. El consumo responsable es una tendencia cada vez más consolidada, que se va extendiendo entre consumidores y las propias empresas, que cada vez ofrecen productos ecológicos. Todos podemos aportar nuestro granito de arena para que nuestro consumo no repercuta sobre el planeta. Por ejemplo:

Ropa: se trata de un sector cuyos modelos de producción cambió radicalmente a finales del siglo pasado y principios de este. Los centros de producción se desplazaron casi en su totalidad y se impuso un modelo que no tiene en cuenta los costes ecológicos de la producción y distribución de la ropa.

Afortunadamente, líneas como la ropa ecológica de C&A están abriendo camino hacia un modelo de producción de ropa más respetuoso con el medio ambiente. No es la única empresa que apuesta por la moda sostenible, que responde a un cambio de paradigma y una progresiva sensibilización social. Cada vez hay más consumidores que quieren saber cómo se produce la ropa que visten. El algodón orgánico, el lino, el cáñamo o la seda son los tejidos que triunfan en esta tendencia, basada en los cultivos libres de pesticidas y de un modo socialmente responsable.

Alimentación: es uno de los primeros sectores en los que empezó a observarse una pequeña “revolución” por el consumo ecológico, responsable y de cercanía. Cada vez somos más conscientes de cómo se producen los alimentos que consumimos. Sabemos que no son igual de sanos los productos industriales que un tomate cultivado en una huerta sin pesticidas.

Por eso, en los lineales de supermercados proliferan ya las etiquetas bio, cada vez son más personas las que se decantan por una compra de proximidad (fijándose que lo que adquieren haya sido producido cerca) y aumentan las exigencias legislativas para controlar el bienestar animal, el uso de químicos o los efectos de la producción alimentaria sobre el medio ambiente.

Automoción: otro aspecto esencial para controlar nuestro impacto sobre el planeta es el consumo energético. En este sentido, el coche eléctrico se impone como la solución del futuro a medio plazo. En general, los vehículos eléctricos son más eficientes que los tradicionales: necesitan menos energía para el mismo desplazamiento.

Pero la ventaja fundamental es que el desplazamiento se produce sin hacer uso de combustibles fósiles, las fuentes de energía más contaminantes. La apuesta de las autoridades por que el coche eléctrico sustituya a los de combustión es definitiva: la Comisión Europea acaba de fijar como objetivo que 2035 sea el última año en que se vendan coches de gasolina y diésel.

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